Josefinos de Murialdo
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Nuestra Pedagogía

El estilo educativo murialdino se basa en la construcción de una espiritualidad propia, que otorga significación a las acciones y determina las decisiones pedagógicas. 

La espiritualidad cristiana es no sólo un modo de vivir los valores humanos sino sobre todo vivir siguiendo las huellas de Jesús, es decir según los valores del Evangelio. La espiritualidad se encarna en sujetos que viven experiencias concretas, que son percibidas como manifestaciones de Dios que espera una respuesta personal. Los dones recibidos (virtudes, habilidades, preferencias, "talentos") permiten desplegar las potencialidades del propio ser mediante un servicio prestado a la comunidad. Por ello toda espiritualidad es contextuada, es decir que se inscribe en un tiempo y lugar determinado. La realidad interpela así a sujetos o grupos que comparten una mirada común e interpretan los sucesos como signos de los tiempos ante los cuales tienen también respuestas comunes. Esta óptica propia encuadra la vida en el descubrimiento de aspectos particulares del Misterio de Jesús y compromete la existencia en imitar su ejemplo. A esta espiritualidad se le llama "carisma".

La espiritualidad Murialdina reseña el carisma recibido por San Leonardo Murialdo y compartido por quienes participan hoy de su Obra:descubrir el amor misericordioso de Dios y vivirlo como entrega amorosa y total de servicio a los jóvenes más pobres y marginados.



Pensamientos en los cuales nos fundamentamos
-Educar el corazón con el corazon-

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  • “Buscar la voluntad de Dios, hacer y sufrir lo que Dios quiere, porque Dios lo quiere, como y cuando Dios quiere. En éstos consiste la perfección”. 
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    • “Dejemos que Dios haga: Él no ama más que nosotros mismos y nuestra suerte está mejor en sus manos que en las nuestras”.
       
           
     
    • “Jesucristo no nos ama porque nosotros somos buenos, sino porque Él es bueno; no por nuestros méritos, sino por nuestras necesidades”.
        
           
     
    • “Hagamos el bien, pero hagámoslo bien”.
       
           
     
    • “Tener el espíritu de Jesucristo quiere decir: pensar, sentir, juzgar como Él. Del sentir procede el hablar y el actuar”.
       
           
     
    • “Nuestro uniforme sea: !Que todos sean uno! Unos de fe, de afecto, de obras”.